lunes, 16 de abril de 2012

Mis paisanos de Celendín


Por: Jinre.

Mis tíos, primos, parientes, amigos, paisanos, todos junto a sus demás coterráneos de Celendín: profesores de escuela, agricultores, músicos, obreros de campo, escritores, empleados, trabajadoras del hogar, estudiantes, con sus bellos sombreros de palma, de copa alta y ala ancha; todos ellos, criados y alimentados con productos de la tierra que los vio nacer: cancha, trigo, caiguas, leche pura de Vaca, machca, sangos de leche y harina tostada con manteca, papas, caldos verdes, chicha de jora, choclos, ocas, ollucos, quesillos y quesos frescos, miel de caña, rocotos de todos los colores, agua de pozos naturales y riachuelos cristalinos, de ganado y cuyes alimentados por los pastizales y alfalfas provenientes de las hermosas campiñas de Celendín y de otras provincias hermanas. Shilicos todos ellos, marcharon y siguen marchando por la vida, por la defensa del agua que hizo posible sus vidas limpias y sin contaminación grotesca, marcharon sin más armas que la razón que les otorga ser hijos de la tierra que los vio nacer y crecer… hoy, sólo quieren defenderla.

No hace falta entonces la presencia de miles de policías armados como si fueran a una guerra, con fusiles de largo alcance, balas, bombas y prepotencia.  ¿Acaso las balas de nuestra Policía Nacional se adquieren para tener como destino los pechos de nuestros paisanos de a pie, de nuestros familiares y amigos cajamarquinos, de nuestros compatriotas que ejercen pacíficamente su derecho a hacerse escuchar?.

En verdad, sólo hacen falta las armas de la sensibilidad, del compromiso con la vida y del respeto profundo por nuestra pachamama. Sólo hace falta una mirada certera para identificar y diferenciar a quienes desde la sencillez de sus actos defienden la vida y a quienes desde la soberbia no la asumen como el centro de nuestras responsabilidades y encima nos quieren hacer creer que si el proyecto Minas Conga se declara inviable tal cual está planteado, pues  el Perú se hunde; habráse visto tamaño sensacionalismo y falsedad.

Junto a mis paisanos, yo también alzo mi voz y digo: ¡Conga no va...!

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